En los bosques del Chocó Andino habitan árboles únicos como la Magnolia chiguila (Chirimoyo), Trichilia elsae (Falso cedro) y Browneopsis disepala (Clavellín blanco) que cumplen un papel fundamental para mantener la vida de estos ecosistemas. Sin embargo, debido a que varios enfrentan diferentes amenazas como la deforestación y fragmentación del hábitat, tala selectiva y la expansión de la frontera agrícola y ganadera, cada vez son más difíciles de encontrar. Conocer dónde están, cuáles son sus épocas de floración y fructificación es fundamental para iniciar procesos de propagación que nos permitan aportar a su conservación y traerlos de vuelta donde una vez fueron habitantes habituales.
Con el apoyo de Franklinia, en Aves y Conservación iniciamos un proceso para conocer mejor a estas especies y aportar a su conservación. El trabajo se desarrolla en cuatro Áreas Clave para la Biodiversidad (KBA) del noroccidente de Pichincha y se enfoca en 11 especies de árboles que se encuentran en alguna categoría de amenaza según la UICN.
Este proyecto ha permitido un reconocimiento y revalorización de estas especies por parte de las personas que los conocen desde hace años cuando eran más comunes. En la actualidad, técnicos, guías locales y viveristas comparten recorridos, conversaciones y aprendizajes para identificar y localizar donde se encuentran aquellos individuos que han sobrevivido a la transformación del uso de suelo o tala selectiva.
En muchos casos, encontrar uno de estos árboles implica caminar varias horas entre pendientes, acompañados de la lluvia y la neblina de los bosques nublados. Es aquí, cuando el conocimiento local se vuelve indispensable. Son los guías y habitantes quienes recuerdan dónde alguna vez los vieron y a pesar del cansancio encontrar a uno de estos árboles nos llena de alegría pues significan una oportunidad de vida, más si se encuentran en etapa reproductiva y nos ofrecen sus frutos y semillas. Pero este sólo es el inicio….
Cada árbol identificado es registrado en una base de datos que permitirá comprender mejor su distribución y estado de conservación, así como hacer un seguimiento para establecer la épocas de floración y fructificación. Esta última etapa es clave para la recolección de semillas y la propagación de nuevas plantas. También queremos conocer cuál es el rol de las aves durante estos procesos tan importantes para la vida de los árboles, recordemos que las plantas dependen de diferentes factores (agua, viento, aves, mamíferos, etc.) para su reproducción y dispersión de semillas ya que no pueden moverse.
El proyecto también ha abierto espacios de colaboración con organizaciones aliadas en territorio e intercambio con viveristas locales y estudiantes, resaltando el papel fundamental que cumplen en los procesos de restauración ecológica. La experiencia de los viveristas en la propagación y manejo de especies nativas aporta a que estos esfuerzos puedan mantenerse en el tiempo y fortalecerse desde el territorio.
Este trabajo conjunto busca no solo conservar especies amenazadas, en este caso árboles, sino mantener procesos ecológicos pues en la naturaleza nada es aislado. Al mismo tiempo también fortalecer capacidades locales, aportar a su bienestar a través de alternativas que proveen ingresos económicos y coordinar las iniciativas de restauración para que el efecto se multiplique y más especies se vean beneficiadas.
Así, gracias al apoyo de Franklinia, avanzamos en un esfuerzo que permite mejorar nuestro conocimiento para tomar medidas de conservación informadas y en beneficio de las comunidades resguardando nuestro patrinomio natural.