Árboles florales también forman parte del jardín de colibríes

Gracias a una donación de Parques y Jardines, de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop), pudimos diversificar las especies de plantas en el Jardín de Colibríes, el primero con plantas nativas en Quito, ubicado en el tradicional barrio de El Tejar. Guantucsillos (Iochroma fuchsioides), Acacia Motilón (Phyllanthus sp), Flor de Mayo (Tibouchina lepidota) y un Arupo (Chionanthus pubescens Kunth), llegaron desde el vivero de Las Cuadras.

Tras la primera jornada de siembra, así de lindo quedó el jardin.

El trabajo fue duro; primero trasladar a los árboles de más de un metro de alto que pesaban más de un 100 kilos cada uno; hacer los huecos en un terreno compactado donde aún queda restos de escombros, no fue tarea fácil, pero lo logramos con la ayuda de 20 chicos entusiastas, su profesora Sandra Cañizares y vecinos que acudieron voluntariamente a colaborar en esta labor.

Lo más gratificante de la jornada fue ver que en los primeros árboles plantados (Guantucsillos) de inmediato llamaron la atención de mariposas y colibríes, los que llegaron para alimentarse del néctar de sus flores.

Nuestro compañero Juan Diego colocando una planta de Guantuncillo.

La siembra del total de los árboles se logró en dos jornadas. El primer día se plantaron los que iban en el borde interno del jardín de colibríes y el segundo día contamos con la colaboración de viveristas de la comunidad de Alambi, expertas en procesos de siembra. Con ellos se ubicaron los árboles de Acacia Motilón (Phyllanthus sp) y Flor de Mayo (Tibouchina lepidota), en los bordes del ingreso a la quebrada, con el propósito de estabilizar los taludes y mejorar la estética del lugar.

Tanto nuestras plantas nativas como los árboles atraen y sirven de alimento para los polinizadores, mariposas, aves, principalmente colibríes que ya han hecho suyo este espacio.

Vecinos de la comunidad de Alambi sembrando los árboles en el ingreso a la quebrada.

Al ver esta respuesta nos llenamos de alegría y esperanza, saber que con dedicación y trabajo conjunto se puede revertir el daño que ocasionamos. Este espacio que un día fue un basurero y sitio de escondite de los drogadictos va tomando forma y se llena de flores y de colibríes.

Este jardín se construye con ayuda de los vecinos lo que demuestra que acciones locales, que todos podemos generar cambios para el bien común.

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